¿Y ahora qué voy a hacer? fue lo que pensé antes de bajar del avión; con las patas entumecidas y con un chingo de ganas de mear, ya que me había dado pena mover al gringo que disfrutaba de su buena siesta.
Ya en la salida de la Zona de Revisión se avizoraba la figura de mamá y mi novia, al encontrarme con ellas exclamé: ivale madre!, eso implicaba mucho, lo mismo de siempre pues, sin chamba ni dinero. Mamá me preguntó qué tal había sido mi viaje, era evidente que yo minimizara lo dicho, me encontraba en un especie de apendejamiento.
Aquí estoy de nuevo, buscando chamba con ganas de no encontrarla, mi deber; mi occiosidad. Como te extraño México de mi corazón.
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