sábado, 22 de noviembre de 2008

La noche

Esa canción, sí ésa, cómo me marcó, la recuerdo como si hubiera sido ayer. Recuerdo tal vez a mi padre entre la melancolía que produce el llover y ver como se ahogan las penas. Cuáles penas si de niño son casi inexistentes. No son las mías propias en ese tiempo, sino de él, que hoy podré adjudicármelas. Recuerdo la noche, esa noche en la que viene a mi mente la honda tristeza del día perdido y el siguiente de escuela. Recordar el camino atestado de fando y de gente que se cubría de la lluvia. Que me habrá dicho mi padre en ese momento, no lo sé. En ese camino a casa no lo ví a los ojos, no era el temor de siempre, de cuando una hace mal y se le reprime. Entre las calles se deslizaba la camioneta con tanta simpleza como si fuese un vals. De pronto sorprende un tarareo extraño de las profundidades de la masa contigua que ocupa un lugar en el pequeño rectangulo oscuro y obtuso con rasgos extraños: era mi padre ajeno a su propia naturaleza tosca y visceral, por una tierna y perspicaz. Sólo viene a mi memoria las casas de cartón en donde emanaba humo y una voz queda en la que emitía suaves trazos: qué triste se oye la lluvia, qué lejos pasa la esperanza en las casas de cartón...